Entonces despierto tras un beso repentino del que no puedo escapar a tiempo. Tu sonrisa refleja toda la indiferencia que sientes al producirme tanto dolor. Lloraré desconsoladamente buscando cobijo entre unos brazos manchados con sangre.
Sé que hago mal enamorándome de ti, no te mereces la luz que dormita en mi interior. Aun así, necesito alimentarme de tus ardientes besos. Esparciéndolos uno a uno, milímetro a milímetro, en cada hueco que encuentras; me impregnas con tus labios, produciéndome dolor y dejando una liviana sensación que no desaparece. Tu lengua no hace más que avivar las llamas de la pasión. Un amor con sabor a miel, se tornó amargo por el constante goteo de lágrimas de desesperación. Te entretienes saboreando el gorgoteo de las lágrimas que caen amargamente. Beber de ellas para saciar tu sed, lamiendo mis sonrojadas mejillas, es lo que te produce tanto placer.
Atormentas mi mente con tu fría mirada, llenándome los oídos de sugerentes susurros. Me colmas de caricias, pero en realidad estoy muy sola, totalmente vacía por dentro. Robas la luz de mi interior haciendo que me consuma… Poco a poco…
Nuestros ojos se encuentran en la oscuridad. Tu mirada distante, acompañada de una sonrisa tenue, inundan por un momento las lagunas de mi corazón. Siento el poder de tu mirada inevitablemente me estremezco sin control. Como una polilla en la oscuridad de la noche, vuelvo velozmente para abrasarme en las llamas de la hoguera que representan este amor.
Noche tras noche, nuestros cuerpos se unen para formar un ente. Cuando la luz de alba me deslumbra aprovechas para marcharte lejos; sin remordimientos, con el mismo pudor con el que has jugado durante toda la noche.
Una sonrisa indiferente al escuchar mis llantos. Tus abrasadores brazos envolviendo mi cuerpo, como los dientes de un lobo sediento de sangre, no hacen suspirar. Tus besos envenenados secan mi garganta, no puedo evitar cerrar mis ojos llorosos pidiendo más dulce veneno. Tus besos ejercen en mí un conjuro sedante. Amor empalagoso, como si de la miel se tratase, mis labios agonizan sin tu néctar.
Me has convertido en una muñeca de porcelana que sueña con ser rellenada por algodones de amor. No te perdono que me enseñases a amar, para más tarde devorarme el corazón; bocado a bocado. Pétalo a pétalo, me deshojas para devorar el néctar de una frágil flor, deshaciéndose entre tus ardientes manos.
Mi dolor es lo único que te produce verdadero placer. Riéndote de mi desesperación para decir adiós. Día tras día, sin poder saber como de largo será el último adiós. Sin saber cuando llegará el eterno adiós.
Tus promesas hacen eco en mi corazón vacío. ¿Por qué cuento los segundos cuando estoy sin ti? Noche tras noche, sin recibir un “te quiero”. El mundo en el que ahora vivo sea empequeñecido, tomando la forma de tus abrazos.
Ya no necesito escapar, porque no tengo a donde regresar. Aunque no me quieras… Tú eres mi mundo, y yo soy el pequeño ser que lo habita.
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