Este sencillo relato me ocurrió en el verano de mi vida, marcándome el resto de mi existencia; ya que nunca volví a ser el mismo.
Abrí lentamente los ojos. La ventana estaba entre abierta, por ella entraba una deliciosa brisa marina. Las sombras de las palmeras lucían entrelazadas con aquellas cortinas, de un color cielo inalcanzable para la vista.
Fue entonces cuando el sentimiento de pena me embaucó. Las lágrimas cayeron sobre las sábanas blancas. No sabía el porqué de tan amargo dolor. Sentí el corazón encoger con desasosiego. Las preguntas se acumulaban en mi interior. Cuando conseguí calmarme intente recordar el día anterior.
Fue un día ajetreado en la oficina. Tuve problemas con mi jefe como de costumbre; ya que nunca estoy de acuerdo en la forma que trata a sus empleados. Cuando salí de la oficina ya había anochecido. Esa noche no quería volver a casa, porque sabía que nadie me esperaba en mi sombrío y solitario apartamento.
Decidí coger el primer tren que pasase por la estación sin saber donde me llevaría.
Las figuras y luces pasaban reflejándose en el cristal, sin tiempo para reflexionar. Era lo bueno de viajar en tren; en el conseguía olvidar mi malestar, con tan sólo fijar la vista en un horizonte borroso.
Sin tiempo para desahogarme, en la megafonía anunciaban el final de tan amargo trayecto, pero a su vez desazogado.
Había llegado al pueblo costero donde pase parte de mi infancia. En aquellos días no era más que un crío de mejillas coloradas. Sin preocupaciones, ni problemas en los que pensar. Recuerdo que mi única preocupación era jugar y jugar a todas horas con los amigos.
Destellos fugaces de vagos recuerdos se sucedían en mi cabeza. No podía recordar ni los nombres, ni las caras de mis amigos de la infancia. Pero a ella si la recordaba. Sobre todo su sonrisa llena de vida.
Aquella niña de mis más queridos recuerdos, se llamaba Teresa. Siempre me seguía todas partes. Ella era más alta y delgada que yo, de cabellos rubios muy rizados, a modo de tirabuzones dorados. Cuando atardecía tenía que llevarla a su casa sobre mi espalda. Habíamos jugado hasta quedar exhaustos. Entre sollozos, solía susurrarme palabras en el oído, como: ‘¿estás cansado?’, ‘me gusta el calor que desprende tu espalda’, ‘no quiero llegar a casa aún’. Pero a pesar de sus dulces susurros, nunca supe cómo expresarle mis verdaderos sentimiento simpatía; la verdadera la razón de que nos parasemos a descansar, junto a la orilla de la playa, era mi única manera expresar lo que sentía por ella era muy especial. No me importaba llegar tarde, aunque nuestros padres nos volvieran a regañar; no quería separarme de Teresa.
Me dije a mi mismo con voz cabizbaja: - ¡Si pudiese recuperar aquellos días... de sueños y esperanzas!
Mientras soñaba despierto, allí tumbado sobre una alfombra de flores. Me pregunté porque no podía quitarme de la cabeza aquellos sentimientos nostálgicos de Tessa y mi infancia; ambas, ya tan lejanas. ¿Sería por este campo de flores? Ya que era tan bello como en el que solíamos jugar. ¿O tal vez era el aroma de las flores? Me encontraba mecido por la refrescante brisa marina y envuelto por la oscuridad de una noche solitaria de verano? Pero al mismo tiempo eres muy bello contemplar un cielo tan puro, llenos de bañado por gotas de luz, recorriendo todo el horizonte y hasta donde mi marchita mirada me dejaba contemplar.
Cuando empezaba a encontrarme en paz con este mundo. Escuché una dulce melodía que parecía provenir del mundo de los sueños. Cuando la canción llego a su fin, el conjuro que sosegaba mi alma cesó, permitiéndome incorporarme para mirar a quien pertenecía una voz tal angelical; siendo deslumbrado por un rayo de luz cegador. Tras unos segundos de aturdimiento, sin poder ver, ni decir nada; puede escucha la voz de una joven dirigiéndose a mí: - Disculpe. ¿Se encuentra bien?
No daba crédito a mis sentidos… Tembloroso deje escapar estas palabras:
-¿Ha aparecido un ángel?
Empecé a distinguir una silueta femenina tras los focos de un vehículo. Esta se acercaba desprendiendo una cálida sonrisa. Era una joven chica que irradiaba una deslumbrante belleza. De piel clara como el mármol más pálido, unos ojos tan profundos, pero a la vez, cristalinos como si de cálidos lagos se tratasen; y unos cabellos dorados largos, hasta la cintura.
Ella puso la mano derecha sobre mi frente, diciendo:
- Tienes la cara roja. Debes de haberte resfriado por dormir a la intemperie.
Era cierto, en ese momento pensé, que me desmallaría de un momento a otro. El corazón me latía sin control, la cara me ardía y las piernas me temblaban. Conclusión: sólo podía ser el alma intentando escapar de mi cuerpo.
Al recuperar el juicio, una escena familiar hizo que la nostalgia volviera a mí. Sentía un calor envolvente. Me sentía seguro después de mucho tiempo. Mis oídos eran acariciados una vez más por la voz de aquella joven. Ella cantaba una canción llena de ternura y esperanza. A pesar de encontrarme mejor, fingí no estarlo, para seguir escuchando su tranquilizadora canción.
Pensé que podría estar enamorándome. Nunca antes había estado tan cerca del corazón de una mujer. ¿Qué clase de magia usaba esta chica? Que era capaz de derretir los témpanos, que mantenían aprisionando, un corazón perdido en la oscuridad.
To be continue...
sábado, 24 de abril de 2010
viernes, 23 de abril de 2010
NADANDO ENTRE NUBES. VIVIENDO SOBRE UN CIELO AZUL.
Mecido por un mar en calma, contemplando un cielo azul. He tenido tiempo para observar. He tenido tiempo para pensar. He tenido tiempo para sincerarme. A veces los sentimientos afloran desde mi interior, sin tiempo para reflexionar.
Cuando las olas me dejan atrás, siento que he perdido una parte de mí. Con la mira perdida en el horizonte, sólo me queda añorar los días en los que bailábamos sobre un cielo azul.
Quiero llegar lejos en los recuerdos. Quiero recuperar los sueños que dejé atrás. Salto con todas mis fuerzas; pero un día más, no logro alcanzarte. Desde aquí puedo ver las puertas del cielo. Pero no puedo… No puedo rozar tu corazón.
He intentando surcar los cielos, cuando empiezo a sentirme libre, todo vuelve a empezar. Puse todas mis esperanzas en el cielo, junto a blancas nubes, pero fueron arrastras por el feroz viento. La vida puede llegar a convertirse en un remolino del que es difícil escapar.
Cómo si de bancos de peces se tratase, buscamos cobijo en el calor que nos brindan las almas bondadosas. Las personas necesitan ser amadas, no pueden estar solas para siempre. Es refrescante estar juntos.
Se siente bien cuando sopla el viento a favor. Es tan fácil estar juntos cuando el viento sopla a favor. Es un juego divertido, nadar a tu alrededor. Jugar con las burbujas que desprendes al respirar. Compartir momentos de amor burbujeante.
Nadando en silencio puedo llegar a escuchar los latidos de tu corazón. Cierra los ojos y déjame guiarte entre las corrientes. ¿A dónde nos llevará esta inesperada corriente? Ten confianza en mis sentimientos. Nadando juntos, no tengo miedo a adentrarme en las profundidades que esconden nuestros corazones. Las burbujas son las gotas de vida, que nos quedan por compartir a ambos.
Durante el camino que recorramos juntos, habrá momentos en los en que la corriente se vuelva más veloz. Puede desembocar en aguas más frías. Cuando ocurra, habrá llegado el momento de volver a cerrar los ojos; el momento confiar el uno en el otro. Habrá llegado el momento de dejar de jugar, para abrazar el verdadero amor.
Cuando las lágrimas caen desde el cielo, sobre mi triste rostro. Es porque he descubierto, por primera vez en la vida, la parte dolorosa de la bondad. No todos sentimos lo mismo. No todos necesitamos el mismo tipo de amor. El destino nos deparará las líneas azules a seguir.
Tanto sufrimiento habrá merecido la pena. Habremos recibido el mayor regalo de nuestras vidas. Necesitamos más tiempo para conocernos. El mundo azul que nos rodea, es demasiado grande para separarnos, para quedarse a solas. No quiero un cielo grisáceo y oscurecido; teñido de soledad. Abracemos fuertemente, esperemos a que pase la tormenta. No sueltes mis manos, no abras los ojos todavía. Mantén tu corazón cálido hasta que nos volvamos a encontrar; hasta que volvamos a estar juntos.
El mejor regalo que te puedo dar en estos tiempos revueltos. Es brindarte un amor transparente.
"EL VERDADERO AMOR ES INVISIBLE AL OJO HUMANO. GUÍATE POR TU INSTINTO Y PODRÁS OBTENER UN AMOR TRANSPARENTE".
Cuando las olas me dejan atrás, siento que he perdido una parte de mí. Con la mira perdida en el horizonte, sólo me queda añorar los días en los que bailábamos sobre un cielo azul.
Quiero llegar lejos en los recuerdos. Quiero recuperar los sueños que dejé atrás. Salto con todas mis fuerzas; pero un día más, no logro alcanzarte. Desde aquí puedo ver las puertas del cielo. Pero no puedo… No puedo rozar tu corazón.
He intentando surcar los cielos, cuando empiezo a sentirme libre, todo vuelve a empezar. Puse todas mis esperanzas en el cielo, junto a blancas nubes, pero fueron arrastras por el feroz viento. La vida puede llegar a convertirse en un remolino del que es difícil escapar.
Cómo si de bancos de peces se tratase, buscamos cobijo en el calor que nos brindan las almas bondadosas. Las personas necesitan ser amadas, no pueden estar solas para siempre. Es refrescante estar juntos.
Se siente bien cuando sopla el viento a favor. Es tan fácil estar juntos cuando el viento sopla a favor. Es un juego divertido, nadar a tu alrededor. Jugar con las burbujas que desprendes al respirar. Compartir momentos de amor burbujeante.
Nadando en silencio puedo llegar a escuchar los latidos de tu corazón. Cierra los ojos y déjame guiarte entre las corrientes. ¿A dónde nos llevará esta inesperada corriente? Ten confianza en mis sentimientos. Nadando juntos, no tengo miedo a adentrarme en las profundidades que esconden nuestros corazones. Las burbujas son las gotas de vida, que nos quedan por compartir a ambos.
Durante el camino que recorramos juntos, habrá momentos en los en que la corriente se vuelva más veloz. Puede desembocar en aguas más frías. Cuando ocurra, habrá llegado el momento de volver a cerrar los ojos; el momento confiar el uno en el otro. Habrá llegado el momento de dejar de jugar, para abrazar el verdadero amor.
Cuando las lágrimas caen desde el cielo, sobre mi triste rostro. Es porque he descubierto, por primera vez en la vida, la parte dolorosa de la bondad. No todos sentimos lo mismo. No todos necesitamos el mismo tipo de amor. El destino nos deparará las líneas azules a seguir.
Tanto sufrimiento habrá merecido la pena. Habremos recibido el mayor regalo de nuestras vidas. Necesitamos más tiempo para conocernos. El mundo azul que nos rodea, es demasiado grande para separarnos, para quedarse a solas. No quiero un cielo grisáceo y oscurecido; teñido de soledad. Abracemos fuertemente, esperemos a que pase la tormenta. No sueltes mis manos, no abras los ojos todavía. Mantén tu corazón cálido hasta que nos volvamos a encontrar; hasta que volvamos a estar juntos.
El mejor regalo que te puedo dar en estos tiempos revueltos. Es brindarte un amor transparente.
"EL VERDADERO AMOR ES INVISIBLE AL OJO HUMANO. GUÍATE POR TU INSTINTO Y PODRÁS OBTENER UN AMOR TRANSPARENTE".
El último beso.
Porqué tu amabilidad puede llegar a ser dolorosa. Porqué la felicidad que deseo, no me la puedes ofrecer. Estoy triste, pero tan feliz, que quiero llorar y sonreír al mismo tiempo.
Pongo las manos sobre mi pecho, no puedo evitar preguntarme; si este sentimiento es amor verdadero. Tan intenso, tan desesperante que me quema por dentro. Es una angustia con la que quiero convivir sin tu ayuda. Llámame egoísta, porque no deseo volver a ser desdichada en el amor. Sola ante la duda, sin querer escuchar la respuesta, porque no quiero perderte.
Mentiras, sacrificios, reconciliaciones. Abandóname… No te lo perdonaré! No quiero formar parte de tu pasado. Quiero un presente memorable, bañado de dulce caricias, y de dulces palabras. Un guiño directo al corazón, derribando toda duda y temor. La complicidad y la seguridad que me brindes; será el sustento contra los retos que nos deparen las líneas de la vida.
No quiero que me dejes atrás en los recuerdos; sellada en la olvido de lo que puedo ser... Ser un eterno recuerdo. No daré la vuelta nunca más. Permíteme cerrar los ojos, bañados por lágrimas de felicidad, cuando te beso temerosas; de que este sea el último beso, que reciba esta noche. No quiero que acabe.
Bajo la pura luz de un cielo estrellado, me descalcé; para así poder alcanzar, de cuclillas, tus carnosos labios. Sedienta por un beso tuyo, no puedo evitar temblar. Siento la necesidad cerrar los ojos.
Me abrazaste entre tus reconfortantes brazos. Entonces fue cuando las lágrimas brotaron, inevitablemente; al comprobar que los latidos de tu pecho eran sinceros. Descubrí, por fin; que seguramente, eras la pieza que faltaba para acabar de dar forma, a mi desordenado corazón.
Pongo las manos sobre mi pecho, no puedo evitar preguntarme; si este sentimiento es amor verdadero. Tan intenso, tan desesperante que me quema por dentro. Es una angustia con la que quiero convivir sin tu ayuda. Llámame egoísta, porque no deseo volver a ser desdichada en el amor. Sola ante la duda, sin querer escuchar la respuesta, porque no quiero perderte.
Mentiras, sacrificios, reconciliaciones. Abandóname… No te lo perdonaré! No quiero formar parte de tu pasado. Quiero un presente memorable, bañado de dulce caricias, y de dulces palabras. Un guiño directo al corazón, derribando toda duda y temor. La complicidad y la seguridad que me brindes; será el sustento contra los retos que nos deparen las líneas de la vida.
No quiero que me dejes atrás en los recuerdos; sellada en la olvido de lo que puedo ser... Ser un eterno recuerdo. No daré la vuelta nunca más. Permíteme cerrar los ojos, bañados por lágrimas de felicidad, cuando te beso temerosas; de que este sea el último beso, que reciba esta noche. No quiero que acabe.
Bajo la pura luz de un cielo estrellado, me descalcé; para así poder alcanzar, de cuclillas, tus carnosos labios. Sedienta por un beso tuyo, no puedo evitar temblar. Siento la necesidad cerrar los ojos.
Me abrazaste entre tus reconfortantes brazos. Entonces fue cuando las lágrimas brotaron, inevitablemente; al comprobar que los latidos de tu pecho eran sinceros. Descubrí, por fin; que seguramente, eras la pieza que faltaba para acabar de dar forma, a mi desordenado corazón.
La fragilidad de una flor.
Entonces despierto tras un beso repentino del que no puedo escapar a tiempo. Tu sonrisa refleja toda la indiferencia que sientes al producirme tanto dolor. Lloraré desconsoladamente buscando cobijo entre unos brazos manchados con sangre.
Sé que hago mal enamorándome de ti, no te mereces la luz que dormita en mi interior. Aun así, necesito alimentarme de tus ardientes besos. Esparciéndolos uno a uno, milímetro a milímetro, en cada hueco que encuentras; me impregnas con tus labios, produciéndome dolor y dejando una liviana sensación que no desaparece. Tu lengua no hace más que avivar las llamas de la pasión. Un amor con sabor a miel, se tornó amargo por el constante goteo de lágrimas de desesperación. Te entretienes saboreando el gorgoteo de las lágrimas que caen amargamente. Beber de ellas para saciar tu sed, lamiendo mis sonrojadas mejillas, es lo que te produce tanto placer.
Atormentas mi mente con tu fría mirada, llenándome los oídos de sugerentes susurros. Me colmas de caricias, pero en realidad estoy muy sola, totalmente vacía por dentro. Robas la luz de mi interior haciendo que me consuma… Poco a poco…
Nuestros ojos se encuentran en la oscuridad. Tu mirada distante, acompañada de una sonrisa tenue, inundan por un momento las lagunas de mi corazón. Siento el poder de tu mirada inevitablemente me estremezco sin control. Como una polilla en la oscuridad de la noche, vuelvo velozmente para abrasarme en las llamas de la hoguera que representan este amor.
Noche tras noche, nuestros cuerpos se unen para formar un ente. Cuando la luz de alba me deslumbra aprovechas para marcharte lejos; sin remordimientos, con el mismo pudor con el que has jugado durante toda la noche.
Una sonrisa indiferente al escuchar mis llantos. Tus abrasadores brazos envolviendo mi cuerpo, como los dientes de un lobo sediento de sangre, no hacen suspirar. Tus besos envenenados secan mi garganta, no puedo evitar cerrar mis ojos llorosos pidiendo más dulce veneno. Tus besos ejercen en mí un conjuro sedante. Amor empalagoso, como si de la miel se tratase, mis labios agonizan sin tu néctar.
Me has convertido en una muñeca de porcelana que sueña con ser rellenada por algodones de amor. No te perdono que me enseñases a amar, para más tarde devorarme el corazón; bocado a bocado. Pétalo a pétalo, me deshojas para devorar el néctar de una frágil flor, deshaciéndose entre tus ardientes manos.
Mi dolor es lo único que te produce verdadero placer. Riéndote de mi desesperación para decir adiós. Día tras día, sin poder saber como de largo será el último adiós. Sin saber cuando llegará el eterno adiós.
Tus promesas hacen eco en mi corazón vacío. ¿Por qué cuento los segundos cuando estoy sin ti? Noche tras noche, sin recibir un “te quiero”. El mundo en el que ahora vivo sea empequeñecido, tomando la forma de tus abrazos.
Ya no necesito escapar, porque no tengo a donde regresar. Aunque no me quieras… Tú eres mi mundo, y yo soy el pequeño ser que lo habita.
Sé que hago mal enamorándome de ti, no te mereces la luz que dormita en mi interior. Aun así, necesito alimentarme de tus ardientes besos. Esparciéndolos uno a uno, milímetro a milímetro, en cada hueco que encuentras; me impregnas con tus labios, produciéndome dolor y dejando una liviana sensación que no desaparece. Tu lengua no hace más que avivar las llamas de la pasión. Un amor con sabor a miel, se tornó amargo por el constante goteo de lágrimas de desesperación. Te entretienes saboreando el gorgoteo de las lágrimas que caen amargamente. Beber de ellas para saciar tu sed, lamiendo mis sonrojadas mejillas, es lo que te produce tanto placer.
Atormentas mi mente con tu fría mirada, llenándome los oídos de sugerentes susurros. Me colmas de caricias, pero en realidad estoy muy sola, totalmente vacía por dentro. Robas la luz de mi interior haciendo que me consuma… Poco a poco…
Nuestros ojos se encuentran en la oscuridad. Tu mirada distante, acompañada de una sonrisa tenue, inundan por un momento las lagunas de mi corazón. Siento el poder de tu mirada inevitablemente me estremezco sin control. Como una polilla en la oscuridad de la noche, vuelvo velozmente para abrasarme en las llamas de la hoguera que representan este amor.
Noche tras noche, nuestros cuerpos se unen para formar un ente. Cuando la luz de alba me deslumbra aprovechas para marcharte lejos; sin remordimientos, con el mismo pudor con el que has jugado durante toda la noche.
Una sonrisa indiferente al escuchar mis llantos. Tus abrasadores brazos envolviendo mi cuerpo, como los dientes de un lobo sediento de sangre, no hacen suspirar. Tus besos envenenados secan mi garganta, no puedo evitar cerrar mis ojos llorosos pidiendo más dulce veneno. Tus besos ejercen en mí un conjuro sedante. Amor empalagoso, como si de la miel se tratase, mis labios agonizan sin tu néctar.
Me has convertido en una muñeca de porcelana que sueña con ser rellenada por algodones de amor. No te perdono que me enseñases a amar, para más tarde devorarme el corazón; bocado a bocado. Pétalo a pétalo, me deshojas para devorar el néctar de una frágil flor, deshaciéndose entre tus ardientes manos.
Mi dolor es lo único que te produce verdadero placer. Riéndote de mi desesperación para decir adiós. Día tras día, sin poder saber como de largo será el último adiós. Sin saber cuando llegará el eterno adiós.
Tus promesas hacen eco en mi corazón vacío. ¿Por qué cuento los segundos cuando estoy sin ti? Noche tras noche, sin recibir un “te quiero”. El mundo en el que ahora vivo sea empequeñecido, tomando la forma de tus abrazos.
Ya no necesito escapar, porque no tengo a donde regresar. Aunque no me quieras… Tú eres mi mundo, y yo soy el pequeño ser que lo habita.
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