sábado, 11 de diciembre de 2010

PRELUDIO DE UNA SONRISA

La ruleta del destino vuelve a girar nuevamente. El comienzo de una nueva vida, me da el suficiente valor, para iniciar un largo viaje entre encuentros y desencuentros.

He estado un tiempo cegado por la espesa niebla de la duda; hasta el punto de acostumbrarme a vivir en un mundo sombrío y resquebrajadizo. Aunque prometí olvidar el profundo dolor, se grabó a fuego en todo mi ser. Maldigo al destino por desgarrarme el alma, por separarme de tus cálidas manos, por arrebatarme el dulce resplandor de tu sonrisa. Tan sólo me quedan los preciados recuerdos a los que aferrarme.

Los días se han vuelto cortos y gélidos. Cubierto por un grueso manto gris; pequeños copos de nieve caen gentilmente sobre mi rostro. Siento un pequeño alivio, al comprobar que mi corazón se mantiene tibio. Aún es capaz de derretir los puros copos de nieve, transformándolos en brillantes lágrimas.
Me descalzo para caminar sobre la nieve, para poder recordar cada paso, para no olvidar de donde provengo. Así me siento vivo un día más.


El querer mantenerte vida en el recuerdo, me da fuerzas ante la adversidad. Cuando la noche cae, las sombras me rodean; cierro los ojos temeroso. Cuando los vuelvo a abrir, mi conciencia se estremece; al no poder encontrarme con las estrellas, que antaño habitaban el cielo nocturno. Aquellas parpadeantes luces se fundían con tus ojos, iluminando tu pálido y frágil rostro. Junto a la magia de la luna, nos transportaba al mundo de los sueños. Donde podía amarte sin límites. Añorarte me hace sentir culpable. Todavía me atormenta el hecho de haber malgastado tantos momentos felices.

Porque no hay un atardecer sin un nuevo día, continúo el solitario viajes. Encuentro caminos que se bifurcan. Unas veces en valles acogedores, revestidos de verdes prados. Otras veces en sufridas cuestas con reviradas cumbres nevadas. Debo continuar adelante... Cargando sobre mis hombros palabras que no fui capaz de pronunciar. Cubierto por heridas que nunca llegarán a sanar. Seguirán abiertas; ya que no puedo detenerme a descansar.
No me puedo demorar. Debo descifrar la lineas del destino; pero siempre dudativo y temeroso. Recojo ansioso, cada pequeño recuerdo, que encuentro por el desconcertante camino.

Necesito llenar el vació que dejaste con tu prematura marcha. Sin rumbo fijo, temo perderme. Una vez más, en las tinieblas de la desesperación.

La promesa hecha, aquel fatídico día es como un castigo. Es una maldición que me mantiene con vida. Ante tu desesperación, no pude negarme. Debía de cumplir el último deseo de un ángel moribundo. Yo te abrazaba fuertemente, entre lágrimas desbordadas. Tú fuiste egoísta hasta el final. Con una gentil sonrisa, me suplicaste que no te siguiera. Bendiciéndome con un último beso. Nuestros labios se despidieron bañados por la amargura del momento.

El mundo había dejado de brillar. El calor que me ofrecía aquella radiante estrella, ya no me cegaría nuevamente. Por mucho que mirase al horizonte, no pudría encontrarte con la mirada. Todo se volvió borroso. El constante gorgoteo de mis angustiados ojos; distorsionaban la realidad. Sin poder sentir la ternura de tus caricias, mi corazón se estremecía, como una frágil llama apunto de consumirse.

Un viento helador ha empezado a soplar despiadadamente. Arrastra con fuerza mi alma, hacia una sombría tundra. Donde el dolor consume toda esperanza de luz. Ahora que tú ya no estás: ¿quién me brindará consuelo con una cálida sonrisa? ¿Quién me abrigará tiernamente entre sus brazos? ¿De quién serán esos profundos ojos? Rebosantes de ternura. A los que mire con desesperación, para decir “te amo”.

Te alejaste de mi lado, para reunirte con las estrellas que brillaban en nuestros sueños. Mantendré cautivos en mi pecho, todos los sentimientos que nacieron de nuestra unión. Hasta el día que renazca la reparadora luz, en el cielo nocturno. No los dejaré escapar, nunca más. Los mantendré cautivos, receloso, en mi mente se recrearan ante la eternidad.

Porque prometí encontrar la luz, que cegase la oscuridad, creciente en mi interior. Continuaré el truculento viaje; buscando un motivo para volver a sonreír. Viajaré sin descanso. Sin olvidar los momentos felices que atesoro. Sin poder olvidar quien me obsequió una nueva vida; junto al valor para continuar adelante. Siempre serás la persona más importante; con la que más quiero estar.

Si el mundo que vi en mis sueños; existe en algún lugar. No importa lo largo que sea el camino. Aunque sople un gélido viento. No me preocupa si los amaneceres son grisáceos. Si las noches son aterradoras. O si debo de cruzar el umbral que separa este mundo. Tan sólo le pido al cruel destino, que me deje ser egoísta, a mí también. Porque deseo cumplir la promesa con una sonrisa... Y que tú estés allí para devolvérmela ^//^

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